Un cuento de navidad

un-cuento-de-navidadLos preparativos para las fiestas pueden ser estresantes, pero no debemos permitir que le quiten magia a la navidad.

La historia es bien conocida, el avaro señor Scrooge es visitado por los fantasmas de las navidades pasada, presente y futura, para que aprenda una lección sobre generosidad y amabilidad. Un cuento de navidad, es una de las historias más adaptadas al cine e imperdible en esta temporada.

Llega la época navideña; junto a las luces, árboles –naturales o artificiales– y decoraciones con el rostro rubicundo de un sonriente Santa Claus, llega el anhelo de la nochebuena; saboreamos con anticipación el pavo y nos imaginamos recibiendo aquel regalo que tanto nos gustaría. Pero no debemos perder de vista, entre tanto esplendor, lo que el cuento de Charles Dickens trata de enfatizar: ese espíritu navideño del que tanto escuchamos, pero parece escapársenos.

Y es que no todo es paz, amor y buena voluntad en esta época, lo cierto es que a menudo nos invade el estrés y nos agobiamos al pensar en los regalos, la cena, los gastos, dónde dormirán los familiares y amigos que vengan de fuera y una lista interminable de preparativos para lograr que nuestra cena navideña sea un éxito. Esto sin mencionar las preocupaciones del trabajo, las aglomeraciones en los centros comerciales o el berrinche más reciente de los niños.

Es difícil no volverse loca ante esta perspectiva, sin embargo, valdría la pena detenernos un momento para calmarnos. Scrooge es avaro y egoísta, pero es sobre todo un hombre triste, que se ha quedado solo y amargado por no dedicar tiempo y empatía a quienes le rodean. A veces es necesario hacer una pausa y recordar que la navidad es momento de compartir.

Esta temporada es un buen pretexto para reconectarnos con nuestros seres queridos. Sacar del clóset todas las decoraciones para pasar tiempo con la familia decidiendo el lugar que ocupará cada adorno, sin preocuparnos porque queden perfectos. Llamar a aquellos amigos con los que no hemos tenido contacto desde hace mucho, aunque eso implique menos tiempo para ir de compras. Disfrutar la búsqueda de regalos, que sean significativos, en lugar de abrumarnos porque la fecha se acerca.

No se trata del banquete o del intercambio de obsequios; se trata de aprovechar esta oportunidad que se nos presenta para fortalecer los lazos con nuestra familia, dejar de lado –aunque sea por un rato– los rencores y enojos, para valorar lo que tenemos y ser solidarios con los demás. Se trata, a fin de cuentas, no de buscar una navidad perfecta, acorde a un ideal; sino una que todos podamos disfrutar.

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