Los bebés y su integración a la comunidad

los-bebes-y-su-integracion-a-la-comunidadLa socialización es un elemento clave del desarrollo del niño.

Un niño es hallado cerca de los bosques de Francia, en la provincia de Aveyron. El niño no sabe hablar y tiene un comportamiento prácticamente animal. Basada en hechos reales, la película El pequeño salvaje, dirigida por François Truffaut, narra el caso de un niño encontrado alrededor de 1790 en Francia y explora las implicaciones de crecer sin un grupo social.

Los primeros lazos que forma un niño son con sus padres: ellos son el núcleo más cercano y los principales guías en su desarrollo. Sin embargo, dice una frase que “se requiere una aldea para criar un niño”. La educación de un pequeño no depende sólo de los padres, sino de todo el entorno que le rodea y las relaciones que establezca.

La niñez es la etapa de la vida donde adquiriremos los conocimientos y habilidades que en un futuro nos permitan sobrevivir en nuestro entorno. Y parte de esa habilidad es aprender a formar relaciones. Aprendemos de empatía, de cooperación, así como la interpretación de claves sociales para interactuar. Si bien estamos diseñados para vivir en grupo, debemos aprender cómo integrarnos a él. Es por eso que los primeros años son determinantes para el desarrollo.

Los niños empiezan a reconocer el grupo desde antes de nacer: desde el vientre el bebé trata de distinguir la voz de su madre. Al nacer, tiene interacción con familiares, vecinos, amigos e incluso la presencia de la televisión; empieza a conocer la sociedad en la que vive y los comportamientos adecuados. Es a través de la interacción y la imitación que el niño aprenderá. El aprendizaje es gradual y los niños tendrán que involucrarse en ambientes nuevos y más complejos cada vez: familia, amigos, escuela.

Hay discusiones en torno al momento en que los niños deberían empezar a interactuar con otros pequeños de su edad. Si bien no hay un criterio claro sobre la edad exacta, se sabe que el juego y la convivencia con otros niños, serán fundamentales para el desarrollo de su personalidad.

Cada niño nace con un temperamento social, mientras que unos son más sociables y abiertos a conocer gente, otros pueden ser más tímidos y reservados, pero esto no significa que no puedan ser más sociables cuando crezcan. Un ambiente sobreprotector, puede hacer que los niños sean tímidos y tengan dificultades para interactuar, pero impulsar a nuestros niños –sin presionarlos– a interactuar y socializar, puede hacer una gran diferencia en su futuro.

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