La crisis de pertenencia en el adolescente

la-crisis-de-pertenencia-adolescenteEl deseo de los adolescentes de ser populares no es superficial, tiene un sentido evolutivo de supervivencia.

Parece un cliché de las películas de adolescentes: la típica historia en que la o el protagonista, algo nerd, se transforma completamente para lograr la tan codiciada popularidad. Como Ronald Miller (Patrick Dempsey) en No puedes comprar mi amor, quien ve la oportunidad de alcanzar la popularidad con la ayuda de Cindy, líder de las porristas y su amor platónico. Lo logra, pero ¿a costa de qué?

La adolescencia es una fase confusa y difícil: no somos niños, pero tampoco somos adultos. Queremos ser independientes, pero no podemos estar solos. Buscamos pertenencia al grupo, pero buscamos afirmar nuestra individualidad y al tiempo identificarnos como parte de algo más grande. Es quizás el momento de nuestras vidas en que la pertenencia cobra un sentido más relevante. Y no es infundado, pues encontrar un grupo que nos respalde nos ayudará a enfrentar mejor el peligroso mundo de los adultos.

La necesidad de integrarnos a un grupo está en la naturaleza humana: está configurada en el cerebro y es parte del proceso de maduración. Psicólogos de la evolución han encontrado que el rechazo genera en el cerebro la activación de los mismos puntos que el dolor. Sentirnos excluidos duele, literalmente. Es una forma del cerebro de advertirnos sobre las pocas posibilidades que tenemos de sobrevivir sin la ayuda de una tribu. Necesitamos del grupo y resulta prioritario ser aceptado en él.

En cualquier fase de nuestra vida, sentir que somos ignorados o rechazados puede afectar nuestra autoestima y valía. Para los adolescentes es aún peor, pues están en proceso de encontrarse a sí mismos, de definirse. Estar fuera del grupo es peor que sentirse incómodos dentro. Es por ello que buscan con tanta desesperación ser aceptados y ser populares, aunque a veces eso implique dejar de ser ellos mismos.

En la adolescencia aún no estamos seguros de quiénes somos o qué queremos de la vida, lo estamos descubriendo. Y parte de ese descubrimiento está señalado por lo que el grupo con el que queremos identificarnos –otros adolescentes tan desorientados como nosotros– nos dice qué debe ser. Algunas veces estamos tan preocupados por encajar que no nos atrevemos a pensar diferente.

Es una etapa de mucha presión social, pero la mayoría de los adolescentes logran encontrar su lugar sin demasiada dificultad. Sin embargo, es necesario estar al pendiente de nuestros hijos. Acercarse no será fácil, pero debemos enseñarles que para ser aceptados, antes deben aceptarse ellos mismos.

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