La muerte del amor –y su duelo–

la-muerte-del-amor-y-su-dueloPara que el amor viva –o muera– se requieren dos.

Eterno resplandor de una mente sin recuerdos es una película singular, una “historia de amor en reversa” como lo señala el productor de la misma. Joel (Jim Carrey) y Clementine (Kate Winslet) se conocen, se enamoran, la relación se desgasta, se separan y deciden borrar al otro de su memoria. De forma no cronológica, conocemos la historia de amor y como llegó a su fin.

No todos los amores acaban igual; en ocasiones, el final puede ser lento y tomar mucho tiempo aceptar que han dejado al amor marchitarse; mientras que también existe ese fin que llega de la decepción. Ocurre casi en un instante, cuando la pareja descubre que la persona que amaba no es quien en realidad creía.

De acuerdo a la investigadora Rozzana Sánchez Aragón, de la Facultad de Psicología de la UNAM, el final de una relación puede ser más fuerte que superar la muerte de un ser querido, pues siempre existe la esperanza –quizás inconsciente– de negociar e intentarlo de nuevo, mientras que para la muerte solo queda resignación.

No existen muchos estudios en torno al duelo por el fin de una relación, es por eso que Sánchez Aragón y su equipo, realizaron una investigación para entender mejor las fases y manifestaciones de este tipo de duelo. Partiendo de las fases del duelo por muerte, llegaron a las cuatro fases que componen el de la separación: negación, hostilidad, desesperanza y pseudoaceptación.

Puede que el amor haya acabado, pero aún existe un vínculo y es difícil tomar la decisión de separarse. No queremos aceptar el fin, nos resistimos, nos frustramos y podemos llenarnos de furia. Cada separación es distinta y es un proceso personal reencontrar esa paz y seguir adelante. A cada persona le tomará un tiempo y estrategias diferentes, lo importante es no permitir que el dolor nos arrastre a un abismo de autodestrucción.

El problema subyacente, que casi siempre lleva al fin del amor, es la falta de comunicación. Existe un desencanto gradual del que ninguno se atreve a hablar; puede que la relación caiga en la rutina y la indiferencia se convierta en hábito. Se justifica la distancia aludiendo al estrés, el trabajo o el cansancio. Quizá no nos sentimos satisfechas, pero es mucho más cómodo que pensar en perder a la pareja.

Es necesario cierto entusiasmo, cierta chispa para que la relación siga viva y muestras de afecto. No debemos acostumbrarnos a la indiferencia o a que nos hagan daño; si aún hay tiempo y deseos de brindar nueva vida al amor, hablarlo será el primer paso.

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