Comunidad

¡Qué poca cultura cívica!

que-poca-cultura-civicaTengo una gotera en la cocina, es la tercera vez que me sucede con este vecino y claro, él no me abre la puerta aunque su luz esté encendida y vaya a tocarle a horas decentes; ha decidido no hacerse responsable. Tuve que llamar al dueño. Tal vez el vecino tenga razón, él de todos modos no iba a pagar esos gastos, seguramente piensa: “Yo porqué, si no es mío el departamento”. Sin embargo, nada le costaba abrirme para que amigablemente resolviéramos el problema; después de todo, él no iba a pagarlo.

Uno de mis amigos chocó por Zaragoza, los torrentes y el tráfico no ayudaron mucho y el camión que le pegó, dejó la puerta trasera de su coche inoperante, se peló y ni huella dejó. Mi amigo solo recuerda que era de una compañía de gas ¡Bah! ¿Qué puede hacer con eso? Tendrá que pagar su golpe cuando él no tuvo la culpa. Nada le costaba al chofer del camión pararse, mínimo para ver si mi amigo y su novia seguían vivos.

Una de mis tías, hermana de mi mamá, fue víctima de un robo en su departamento. Son diez los que conforman dos torres, hay vigilantes en las entradas y aún así se llevaron todos sus aparatos. Uno de sus vecinos dijo: “Ya se me hacía raro que dos hombres que no eran ni usted ni de su familia salieran con tantos aparatos de su departamento”. ¿Por qué no llamó a la policía o mínimo al vigilante? Seguramente el señor no quiso meterse en problemas.

Una de mis compañeras de trabajo estacionó su auto enfrente de una construcción; la zona es muy complicada y no hay forma de dejar el auto en otro lado, y tuvo suerte de encontrar un franelero que le cuidara el coche. Pues bien, al diez para las ocho de la mañana bajó de su auto para dirigirse a la empresa a trabajar como todos los días y ¡zaz! un tipejo salió solo Dios sabe de dónde y le dio una nalgada. Y claro, como no lo vio pues cómo va a denunciar. Seguramente mi compañera tiene la culpa ¿no? Debió poner atención, un millón de ¡bah!

¿Qué tal las personas que van atrás de ti cuando abres una puerta? Por educación la sostienes para que el de atrás pase. Eso es cultura cívica, lo contrario es ir atrás y pasarte sin decir gracias, como si el de adelante tuviera la obligación de sostener la puerta ¡Oigan no somos porteros, es una atención! El gracias y el por favor son manifestaciones de educación, de cultura cívica.

Al vecino, al camionero, a los raterillos, al nalgueador y a todos los que no conocen las palabras por favor y gracias les digo ¡Qué poca… cultura cívica! Y no es por ser ave de mal agüero, ni mal vibrosa, eso jamás pero ya les pasará algo similar y definitivamente el búmeran de la vida se los regresará; recuerden que nadie juega con el “tres veces tres”. ¿Qué nos cuesta? Ser buenos vecinos, amables personas, reconocer los errores, ser adultos y asumir nuestra culpa. ¡Qué nos cuesta pedir las cosas por favor y decir gracias!

Luego preguntamos ¿por qué está así el país? Cuestionamos todos los actos de los políticos y le pedimos al nuevo candidato que por favor haga algo para cambiar las cosas. ¿Y nosotros qué? Nada nos cuesta, esa es la verdad, entonces ¿porqué no lo hacemos? ¿Por qué si la vecina nos pide que bajemos el volumen de la televisión, le subimos más? No sabemos si tiene un enfermo o tiene que estudiar o algo. La ignoramos, pensamos que lo hace para molestar ¿y nosotros al no bajar el volumen qué estaríamos haciendo? Lo mismo ¿no?

¡Qué pesadilla! Estamos en la comodidad del ¿yo por qué? De “ese no es mi perro y no lo baño.” A veces aplica pero de repente es bueno dejar que el sentido común se dispare y saber distinguir. Parece una nimiedad, pero no lo es. Claro, algunos han de pensar: “Ellos no lo harían por mí”, tal vez tengan razón, pero lo que los demás hacen o no, no importa, lo que cuenta es lo que cada uno haga.

Y no nos percatamos, estamos en el borde de la indiferencia y la irresponsabilidad. No es más que ignorancia. Hablo de ayudar, de ser humanos y tener cultura cívica, valorar la vida y el tiempo de los demás como si fueran propios. No, solo nos importa lo nuestro, nuestras pertenencias, nuestros problemas; estamos sumidos en nuestro pequeño mundo en el que pensamos que solo nosotros sufrimos, solo nosotros tenemos deudas y problemas… ¡Mentira!

Mi vecino no paga mis deudas, ni mis compañeros de trabajo lloran conmigo mis problemas, pero convivimos y la convivencia es mejor cuando hay un mínimo de empatía. Siempre que algo pase, algo fuera de nuestra esfera inmediata preguntémonos ¿y si fuera a mí o a alguno de mis familiares o seres queridos? Si tienen algo de sangre en las venas, pensarán dos veces el hacerse los desentendidos.

Les propongo -y conste que es propuesta- que seamos empáticos con las personas con las que convivimos, pongámonos en sus zapatos; a veces basta prestar solo nuestro oído, otras bastará con dejarlas usar el teléfono o abrir la puerta a nuestros vecinos. Porque la verdad es que eso no nos cuesta nada. Sí, estemos conscientes de la seguridad y pongamos en una balanza nuestra vida contra el peligro que amerita la situación, pero también puede hacerse eso y ser una persona cívica.

No tengo ninguna duda, si todos intentamos practicar un poco la cultura cívica, nuestra convivencia será más genuina, menos tediosa y definitivamente más amena… seremos simplemente personas que conviven, que se respetan. ¡Intentémoslo!

Escrito por: Evangelina Jiménez Olvera.

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