Bienestar

Cambiar uno mismo

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Muchas veces -aunque no lo digamos-, esperamos que los demás cambien para satisfacer nuestras necesidades y sentirnos mejor. Esto puede aplicar con nuestra pareja, amigos, vecinos, compañeros de trabajo, etc. Y nosotros ¿qué hacemos? ¿Cambiar?

Es muy cómodo pedir a los demás que cambien y se ajusten a la idea que tenemos de lo que nos gustaría. Pero así sólo logramos quedarnos desesperanzadas, dolidas y tristes si no vemos lo que nosotros consideraríamos mejoras o cambios.

¿Pero cuál es nuestra responsabilidad en el cambio? ¿Cómo podemos evitar sentirnos defraudados o desesperanzadas?

Algunos puntos a seguir para cambiar uno mismo:

- Primero, revisar nuestras creencias: cómo aceptar el cambio de otra persona si descreemos de lo que puede llegar a alcanzar. ¿De qué manera das la oportunidad a alguien de que demuestre que puede cambiar? Si sostienes prejuicios ¿no estarás buscando actitudes en los demás que justifiquen lo que piensas, sin darles oportunidad?

- Expresa claramente qué deseas que los demás cambien. Las personas no adivinan lo que quieres, así que habla claramente lo que te disgusta o lo que te gustaría que suceda y procura ser amable.

- Además, algo muy importante ¿qué puedes cambiar tú para dar lugar a lo que quieres? Un pequeño cambio de actitudes de tu parte puede facilitar que tu contraparte haga lo mismo.

- Reflexionar sobre tu exigencia. La otra persona, ¿puede hacer el cambio que quieres? ¿Tiene la capacidad de darte lo que necesitas? Así tendrás la clave para saber si tu deseo puede convertirse en realidad o si excede las posibilidades del otro.

¿Cuál es el cambio que quieres?

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