Buena anfitriona

La mesa navideña

mesa_navideñaEscrito por Eroski

Cuidar los detalles, mimar las recetas, acoger y ser acogidos en familia son ingredientes que forman parte de las fiestas navideñas. El lugar de reunión, en muchas ocasiones, es la mesa. En torno a ella se disfruta de menús especiales. Por este motivo parece de sentido común dispensarle un trato especial. Lo que señalamos a continuación es rigurosa etiqueta, el máximo, pero cada cual puede ser flexible en su aplicación, de acuerdo a la solemnidad que quiera darle a la comida o a la cena navideña.

¿Por qué no de papel?

Al igual que en los otros elementos de la mesa, en Navidad se permiten algunas licencias con los manteles. Lo tradicional es optar por un mantel blanco, color marfil o algún tono muy suave, pero se puede incumplir esta formalidad y poner un mantel más llamativo en tonos rojos o verdes. Una buena idea es renunciar a manteles de tela y optar por los de papel, de lujo, eso sí, pero de usar y tirar, que ofrecen las tiendas de decoración y se compran por metros.

En cuanto al estilo, color o estampado, no hay pautas concretas, pues existen en el mercado muchas y acertadas opciones. La recomendación es que sean de buen gusto y si puede ser, tenga en cuenta la combinación de los otros elementos que van a conformar la mesa. El mantel debe cubrir por completo la mesa, y colgar como mucho, por sus lados, un tercio de la distancia que hay hasta el suelo. Debe estar perfectamente limpio y en buen estado de conservación.

Las servilletas de mesa deben hacer juego y ser de al menos 40 centímetros de lado (si son mayores, mejor). Las de café o té no son necesarias en las mesas formales, han de reservarse solo para cuando se merienda. Si se opta por un mantel de papel, también las servilletas deben serlo, y en el mercado se ofrecen multitud de opciones decorados con motivos navideños. Se recomienda, no obstante, utilizar una servilleta lisa y prescindir de las de dibujos.

La servilleta se coloca a la derecha o izquierda del plato, indistintamente, e incluso, doblada encima del plato. Nunca dentro de las copas. En ocasiones especiales, como Navidad, se puede optar por hacer algún doblado especial, pero mejor que no.

Las velas, para la noche

La mesa en Navidad admite muchos elementos decorativos, pero hay que tener siempre presente la máxima: los adornos no deben molestar ni incomunicar a los comensales. Los centros de flores o frutas, y los candelabros o las velas con adobe y agua son opciones muy bonitas. Caseras o compradas no deben desprender mucho olor. Las velas han de permanecer encendidas durante la velada, que siempre será nocturna: la vela no tiene sentido en una comida de mediodía, aunque puede hacer su aparición en la sobremesa si ésta se alarga.

La vajilla: siempre con bajoplato

La vajilla es la estrella de la mesa. De ella depende incluso el sabor de los platos y, por supuesto, la ingestión emocional de los mismos. Aquí no vale hacer concesiones al papel: siempre de porcelana, o de loza. Muy limpia, y sin roturas. Si no se tiene bajoplato, de plata, cristal o porcelana, se puede recurrir a un bajoplato de cartón, pero no se tiene que prescindir de este elemento, ya que da un aire totalmente diferente a una mesa: la viste de fiesta.

Respecto a los platos, el servicio básico es un uno llano y uno hondo, pero en Navidad los menús se multiplican y con ellos la vajilla, incluso se utilizan elementos de las familias que en ninguna otra fecha salen del armario, como los tazones de consomé y la sopera. Se pueden usar como mucho dos platos llanos, encima un plato hondo y encima un plato llano pequeño que sirve de protección en el caso de tomar unos aperitivos, o pan con mantequilla, etc.

A la izquierda de las copas se coloca el platillo pequeño para colocar el pan. ¡El pan es el de la izquierda! A lo largo de la comida, todas las piezas que se utilicen (soperas, bandejas, ensaladeras, fuentes, etc.) deben ser de la propia vajilla. En caso de no serlo, deben combinar lo mejor posible con ella.

Los cubiertos: de fuera a dentro

La regla básica es la utilización de los cubiertos desde el exterior hacia el interior. Es decir, los cubiertos más alejados del plato son los que primero se utilizan (obviando el caso de que el plato acompañe su propio cubierto; por ejemplo una pieza de marisco, que viene acompañado de su tenaza, un plato de caracoles que viene acompañado de su "ganchito", etc.). Los cubiertos deben estar limpios y en buen estado. En estas fechas se suelen sacar esas cuberterías que no se utilizan en todo el año y pueden estar sucias o, como en el caso de la plata o alpaca, pueden tener esas feas manchas negras.

El cuchillo y la cuchara se ponen a la derecha del plato y el tenedor a la izquierda. Siempre con el mango hacia abajo y el filo del cuchillo mirando al plato. En el caso de disponer de más cubiertos (los de pescado, por ejemplo), la disposición sigue las mismas reglas anteriores teniendo en cuenta el orden de servicio de los platos. Es decir, si hay un pescado antes de la carne, estos cubiertos deben estar más hacia el exterior que los cubiertos de la carne. Y lo mismo nos ocurre si tenemos más de una cuchara.

Si hay cubiertos "extraños", éstos se suelen situar siempre a la derecha del comensal. En el caso de disponer de los cubiertos de postre en la composición inicial de la mesa, se ponen en la mesa frente al plato, entre los platos y las copas, en sentido perpendicular. Se pone una cucharilla, un tenedor y un cuchillo de postre. La cucharilla y el cuchillo con el mango hacia la derecha y el tenedor con el mango hacia la izquierda.

Las copas: todas a todos

A la hora de colocar las copas, tenemos que haber pensado las bebidas que se van a servir a lo largo de la comida. Habitualmente, se suele colocar simplemente una copa de agua, a la izquierda y una copa de vino, a su derecha. Siempre colocadas en la parte superior frente al plato. Pero en Navidad es habitual hacer un mayor despliegue de elementos y la cristalería es importante. No es conveniente, tampoco, inundar la mesa de piezas como si se tratara de una exposición de vasos, pero sí se puede colocar alguna copa más de las habituales: una copa de agua, una de vino tinto o rosado, una de vino blanco y la copa de cava. Son suficientes para una mesa elegante. Por supuesto que se pueden poner otras muchas, como una copa de vino de Jerez, para el aperitivo, o una copa de cognac. Pero no conviene abusar, y además, las copas para la sobremesa pueden traerse al finalizar la comida, junto con el café.

El orden de las copas suele ser de izquierda a derecha: copa de agua, de vino tinto, de vino blanco y de cava, aunque no hay una regla fija y esta colocación puede variar. Las copas se sitúan frente al plato, y se pueden colocar en una hilera recta, en diagonal respecto al plato, o haciendo una pequeña curva.

Ni que decir tiene que todas las copas deben ser de la misma cristalería, es decir, deben tener el mismo diseño, talla, forma y color, perfectamente limpias y transparentes, así como en un buen estado de conservación. Hay que deechar cualquier tipo de pieza rayada o saltada. Aunque no se vaya a hacer uso de todas las copas, y aunque se sepa que alguien no va a beber vino, por ejemplo, cada cubierto debe estar acompañado de todo el juego.

Colocar los invitados: como se quiera

A la hora de colocar a los comensales en la mesa no se suele aplicar un estricto orden de procedencias clásico como sería de esperar en una comida formal. Generalmente se sienta a los invitados de una forma bastante aleatoria. En caso de utilizar algún sistema "casero" de orden, habitualmente se aplica la precedencia por edad, es decir, primero colocaremos a las personas de mayor edad y luego en orden descendente al resto de invitados hasta llegar a los de menor edad. Aplicando este orden es normal ver a los abuelos, a los padres, a los hijos y a los nietos agrupados.

Si celebramos la Navidad con personas ajenas a la familia y queremos crear una mesa bastante formal, entonces podemos establecer un orden de alternancia de hombres y mujeres, personas que se conocen enfrentadas y las desconocidas sentadas juntas, pero procurando que antes de sentarse en la mesa se conozcan al menos los nombres y la razón que les lleva a estar ahí sentados.

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