Madres trabajadoras y sentimientos de culpa

madres trabajadoras y sentimientos de culpaA pesar de los cambios que ha habido en la sociedad, parece que todavía seguimos pensando en el cuidado de los hijos como un papel femenino. Si bien hay padres que se involucran más en la educación de sus pequeños, son las madres las que con frecuencia tienen sentimientos de culpa por tener que repartir su tiempo entre la oficina y el hogar.

Ser madre trabajadora ya no es raro; sin embargo, aún existen muchas madres que de pronto se plantean si le están dedicando el tiempo suficiente a sus niños y les preocupa dejar a sus pequeños al cuidado de familiares –con frecuencia los abuelos– o en guarderías y otros centros de cuidado.

Y es que a menudo las mujeres se encuentran ante la presión implícita de sobresalir en cada uno de los ámbitos de su vida; ser excelentes profesionistas, madres, esposas, hijas, amigas y demás.

Hallar ese balance entre vida personal y profesional parece ser uno de los mayores retos de las mujeres hoy en día. Dedicarle a los hijos la atención que se merecen sin descuidar su desarrollo profesional. Tener tiempo para hacer todo y bien. Pero es quizás aquí donde yace la culpa que invade a muchas madres trabajadoras, pues seguimos arrastrando la idea de que debemos ser perfectas en cada uno de los ámbitos de nuestra vida.

Lo cierto es que el tiempo no alcanza, no somos perfectas y no tiene nada de malo pedir ayuda. Aspirar a la perfección es desgastante e inútil, debemos aspirar a ser madres suficientemente buenas y ser conscientes de que la educación de los hijos no es sólo un trabajo de las mamás.

El rol de padre como proveedor aun persiste, todavía no nos acostumbramos del todo a la idea de que ellos también deben tener participación en la educación y en ocasiones nos encontramos con cierto estigma con respecto a los padres que se dedican al cuidado de los hijos. Parece ser que seguimos creyendo que las mujeres deben mantener ese doble trabajo.

Lo cierto es que el trabajo y la familia no están peleados, y alcanzar esa flexibilidad que nos permita lograr todo –incluso si  no es perfecto–. Uno de los puntos clave es entender que no somos perfectas y que es posible ser buena madre aunque no estemos ahí cada minuto del día, pues a fin de cuentas, más que de cantidad se trata de calidad. 

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