¿Qué es el techo de cristal?

que es el techo de cristalExisten prejuicios que pueden impedir el avance de las mujeres en el mundo laboral.

El papel de la mujer en la sociedad ha evolucionado a lo largo del tiempo; se han tomado medidas para combatir el sexismo y la discriminación, así como lograr una mayor participación de las mujeres en todos los ámbitos. Sin embargo, todavía queda mucho trabajo por hacer, pues existen entornos en los que aún no se ha alcanzado la equidad y el trato igualitario; un ejemplo es el mundo laboral, donde en algunas em- presas las mujeres se topan con el “techo de cristal”.

Este término apareció por primera vez en 1986 en un artículo del Wall Street Journal y se refiere a aque- llos obstáculos que impiden a las mujeres alcanzar puestos más altos dentro de una empresa. Y desafortunadamente, a veintiún años de su primera mención, todavía parece que estamos lejos de derribarlo; pues aún existen diferencias dentro de muchas empresas en el trato que reciben las mujeres.

El género sigue siendo un factor determinante en el sueldo percibido; pues pese a realizar el mismo trabajo, las mujeres ganan un 22.9% menos que los hombres a nivel mundial; así lo indican datos de la Organización Internacional del Trabajo. El crecimiento de las mujeres dentro de las empresas es más lento y difícil, simple- mente por el hecho de ser mujeres.

Las mujeres son más duramente juzgadas que los hombres, con frecuencia se les toma con menos seriedad y muchas se ven enfrentadas al acoso. Así mismo, existe una creencia implícita que pone en duda la capacidad de las mujeres para desempeñarse en puestos de gran responsabilidad, lo que impide su avance.

La ciencia es otro campo en el que se manifiestan estos prejuicios, donde existe un sesgo a favor de los hombres. Así lo señala un estudio publicado en la revista Psycho- logical and Cognitive Sciences, en el que se encontró que académicos de algunas universidades de Estados Unidos, consideraban más competentes a los hombres que a las mujeres para una posición gerencial en un laboratorio. A esta tendencia se le dio el nombre de Efecto John – Jennifer.

El estudio consistió en calificar la solicitud de empleo de un estudiante –al que aleatoriamente se asignó un nombre masculino o femenino–. Sin importar que la preparación y antecedentes detalladas en la solicitud fueran exactamente las mismas, la mayoría de los par- ticipantes del estudio consideró más competente al aspirante masculino; no sólo eso, sino que estaban dispuestos a ofrecer mayor salario inicial a los hombres.

Este tipo de discriminación puede no parecer muy eviden- te, lo que dificulta el combate de estas conductas. Pero es importante hacer visible el problema, pues solo así se puede lograr un cambio. Si queremos derribar el techo de cristal es importante ser conscientes de que existe.

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