¿Estamos obligados a amar a nuestras mamás?

estamos obligados a amar a nuestras mamasDicen que no hay amor que se equipare al de una madre, pero sabemos que no todo siempre es como nos lo pintan.

Existe una percepción casi sagrada de las madres; nos dan la vida, se sacrifican por nosotros y ofrecen el amor más incondicional. Pero lo cierto es que no todas las madres son tan amorosas y no siempre existen buenas relaciones; sin embargo, hay cierto tabú en hablar de que uno tiene una mala madre y para algunas personas puede que surja la pregunta ¿estoy obligado a amarla?

Es nuestra primera cuidadora y nuestro primer modelo a seguir; cuando somos niños, vemos en nuestra madre una imagen de perfección y eventualmente nos damos cuenta de que no son infalibles. Pero en ocasiones, esta percepción queda muy dañada y es posible que la fase de distanciamiento por la que una relación madre-hijo puede pasar, se convierta en algo permanente.

Podemos pensar dentro de nosotros que tuvimos una mala madre, pero admitirlo nos coloca en una posición de conflicto que no estamos dispuestos a enfrentar. Encontramos excusas y justificaciones para palabras y acciones que nos hicieron daño. Y es que a pesar de las emociones negativas que podamos tener hacia ella, sigue siendo nuestra madre, y hay cierto sentido de obligación.

También es posible que no nos demos cuenta de que nunca tuvimos una buena relación, hasta mucho tiempo después y a la distancia. Que mamá sea el tipo de persona con el que de otra forma no tendríamos ningún vínculo. Se supone que madres e hijas desarrollan un vínculo natural. Que a pesar de algunos baches, logran establecer cierta complicidad y entendimiento con el paso de los años. Pero hay casos en los que simplemente no es así.

Es difícil admitir que a uno no le agrada su madre. E incluso cuando se trata de un sentimiento válido, decirlo en voz alta parece un crimen. Sin embargo, cuando las relaciones son dolorosas, es fundamental aprender a tomar distancia. Es probable que surjan sentimientos de culpa y que exista una vaga esperanza de que las cosas cambien en algún momento, pero normalmente no es así.

No podemos cambiar a nuestros padres ni lo que han sido, pero ser conscientes del impacto que tuvieron en nosotros puede también ser una enseñanza y una guía incluso de lo que no queremos ser. Por difícil que sea, ser capaces de poner distancia y liberarnos de la culpa, nos ayudará a ser adultos más completos y felices.

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