
Escrito por: Chuchi González.
Vivimos en un mundo en el que día a día los cambios son intempestivos, el tiempo para acortarse, cada vez tenemos más tareas, nos cansamos con mayor facilidad, dormimos menos horas, intentamos cumplir con todos los compromisos, somos malabaristas de nuestras circunstancias; y a veces, tantas “naranjas” lanzadas al aire nos caen todas juntas en la cabeza.
Suena una alarma interna, síntomas que nos dicen “hay que sacar el pie del acelerador”, pero tú y yo sabemos que no vamos a detenernos, de hacerlo los precios serían mayores, sin embargo, no irritamos con facilidad, descuidamos nuestra alimentación, cometemos excesos, y un buen día declaramos como quién conquista algo: “Sufro de estrés”, “tengo estrés”, “No puedo más del estrés”.
Para ese momento, los pasos que has dado para llegar a ese punto de toma de conciencia, ya generaron un camino de “atajos” y “refugios” vinculados con la comida. O dejamos de comer y nos mantenemos a “café” o “nos tiramos a los brazos de los carbohidratos, esos malditos por excelencia, pero extremadamente dulces que alivian al menos por un rato tanta confusión, dolor, y malestar”
¿Recuerdas esas escenas de la película Bridgete Jones encerrada días y días, inmersa en su sillón, comiendo pizzas, helados a cucharadas soperas para curar el corazón herido?
¿Cuántas veces lo has hecho? Claro no tan al extremo, pero me refiero ¿Cuántas veces te has refugiado en la comida para aliviar lo emocional?
Y ¿Cuál ha sido el resultado? Una porción de placer por un instante, y luego, doble problema: el originario y el que le sumamos al darnos cuenta que rompimos la dieta, o comimos aquello que nos hace daño. ¿Por qué paso esto? Por comer no es la solución a lo que nos ocurre. Es como creer que todos los problemas tienen la misma solución y tu sabes que no es así. Esto es muy parecido a cuando los fumadores “dicen que fuman porque están nerviosos, que el cigarrillo los alivia, los serena” y sin embargo, la medicina, explica que “el tabaco no es un sedante, que altera nuestro estado mental” que fumar, tomar café y estar en un estado de estrés, aumenta el nerviosismo. Pero para quienes “fumar” es un anclaje hacia el alivio confían en ello y dicen “No a mi fumar me tranquiliza”; como para quién “comer es un sedante”.
Cuando estamos atravesando situaciones dolorosas, angustiantes, esas de vacío existencial, nuestro organismo “nos pide determinados nutrientes”, sin embargo “el exceso de grasas saturadas o hidrogenadas” producen fatiga y depresión; antes de encerrarnos en nuestras cuevas a comernos unos botes de palomitas dulces o saladas; elige otros alimentos que pueden ayudarte a levantar el ánimo.
Los carbohidratos son los “elegidos” cuando estamos padeciendo algún cambio significativo en nuestras vidas – ansiedad, pérdida de un familiar, falta de trabajo, separación con la pareja; ¿Quién no se ha comido una barra de chocolate entre mocos y lágrimas? Pero que eso sea una o dos o diez veces en toda tu vida; ni los azúcares ni los anti-depresivos van a curar tu herida. Sólo la van a mitigar.
Aprende a aceptar que eso que no quieres para tu vida está sucediendo, deja de “medicarlo para que no duela tanto”, porque el efecto se quita y el problema sigue estando.
Puedes darte “el lujo” de comerte un chocolate, pero que no sea un kilo, ¿Entiendes? Cuando estamos mal buscamos lo prohibido. Es como si sintiéramos que todo perdió sentido, que ya no hay para qué, ¿Entonces qué importancia tiene atorarnos de comida chatarra?
Y en la vida todo pasa, y ese inmenso dolor que sentimos alguna vez se adapta a vivir en nosotros y nosotros en él; y los estragos alimenticios de esa crisis se pagarán en el futuro.
Alimentos que mejoran nuestro estado de Ánimo
Cereales bajos en grasas – Legumbres- Frutas-Elotes-Bananas-Frutos Secos-Leche Tibia
No intentes aplazar lo que te sucede, afronta ahora lo que te pasa. Busca apoyo en tu familia y profesionales. La comunicación es la solución a muchos problemas relacionales. Piensa que tu cuerpo es una hermosa máquina que traslada tu esencia. No lo descuides, es todo lo que tienes para proyectarte en el mundo.
