
El 35% de las patologías cancerígenas se vinculan con el régimen alimenticio, por lo que su cuidado adquiere una gran relevancia. Una dieta equilibrada es la mejor prevención.
La relación entre el cáncer y la alimentación es un hecho. Aunque sus límites no están aún muy definidos, en la década de los 80 se estableció que en torno al 35% de los cánceres tenían su origen o estaban vinculados con la alimentación.
A partir de entonces se han multiplicado los estudios en la materia y en 1997 se publicó un exhaustivo informe titulado "Alimentos, nutrición y prevención del cáncer: una perspectiva global", publicado por el Fondo Internacional para la Investigación del Cáncer y el Instituto Americano para la Investigación del Cáncer. En él se estableció que la adopción de unos hábitos alimentarios más sanos puede reducir el número de casos anuales en todo el mundo entre un 30% y un 40%. Si a ello se le suma el dejar de fumar, los porcentajes de reducción pasarían al 60%-70%.
Asociación entre dieta y cáncer
No resulta fácil determinar con exactitud la asociación entre la alimentación y el cáncer. Los hábitos alimentarios son muy distintos de unos individuos a otros, y también lo es el modo en que cocinamos y conservamos los alimentos. Además, hay que considerar otras variables relacionadas con el origen o desarrollo del cáncer, como el tabaco u otras sustancias a las que estamos expuestos, ya sea en nuestro trabajo -humo de soldadura, gases de pinturas o barnices, etc.- o en el lugar en el que vivimos -contaminación medio ambiental-, sin olvidar la propia genética. Por ello, al establecer la relación entre dieta y cáncer, por el momento se habla de asociaciones "convincentes", "probables" o "posibles".
A modo de ejemplo se considera que las verduras poseen un papel protector "convincente" frente al cáncer de boca y faringe, esófago, pulmón, estómago, colon y recto; "probable" frente al de laringe, páncreas, mama y vejiga, y "posible" frente al de hígado, ovario, endometrio, cuello del útero, próstata, tiroides y riñón. Por el contrario, se considera que las dietas muy calóricas o ricas en grasa y proteínas, cocciones como la barbacoa o la parrilla, el abuso del alcohol y de la carne, de ahumados y de la sal, así como la obesidad aumentan el riesgo de esta enfermedad. En particular se cree que es "probable" que el abuso con la carne incremente el riesgo de cáncer de colon y recto, y que es "posible" que lo haga frente a los de páncreas, mama, próstata y riñón.
