Bienestar

La Teoría de la “Y”

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Somos extraños en nuestro propio entorno, volteas para la derecha y ves un sinfín de bodas, a la izquierda y observas pleitos interminables de personas que son infelices juntas pero que jamás se separarán, arriba hay infidelidades entendidas y decepciones escondidas, abajo hay divorcios, soledad y arrepentimientos. En la tele mil muertos, en el radio debates políticos, en tu calle un vagabundo. Te ves al espejo y te preguntas ¿para dónde voy?

Éstas situaciones que tanto escuchamos por todos lados, “Estaba tan borracha que no me acuerdo”, “Nunca quise lastimar a nadie”, “Juro que no sabía”, “Sucedió de repente”, “No me quedaba de otra”. Bueno, yo… no las creo, porque siempre sabemos, existe siempre un momento, el momento de la “Y”, que se basa en la teoría de la “Y”. Teoría que tiene dos vertientes, nos hace vernos al espejo y preguntarnos ¿para dónde?

Siempre hay un momento en el cual podemos decidir si somos infieles o no, si rompemos el corazón de la amiga o no, si le bajamos el galán a la hermana o no, si traicionas a tu socio o no, si robas o matas o no, etc. Hay un momento de reflexión, puede ser fulminante pero existe y viene con todo el costal de consecuencias. Cuando estamos alterados sí pensamos, rápido pero lo hacemos. Los golpeadores saben que pegarle a sus parejas es malo, saben que no debe hacerse y a pesar de eso lo hacen.

Ese juicio de valores, esa balanza de opciones, ese sopesar de posibilidades existe. Por eso no creo que esas frases de “Yo no fui” sean verdaderas. Y sin ánimo de juzgar, es mera opinión, creo que esa es la diferencia entre las personas conscientes, sensatas y justas y las que no lo son. Prefiero mil veces una persona que diga: “Lo pensé, enfrenté mi momento de la “Y” y decidí tal o cual cosa y asumo las consecuencias”, a alguien que diga: “No sabía”. Porque miente… siempre sabemos. Que a algunos les de flojera pensar, es diferente, porque… siempre sabemos.

Es sincero aceptar y asumir que se hizo un juicio ante las circunstancias y que se decidió determinada cosa. Es deshonesto querer jugar con los sentimientos de los demás y no hacer ese juicio, porque a todos nos llega, solo que unos lo aceptamos y lo enfrentamos y otros simplemente lo ignoran y lo desechan para después poder echarle la culpa de sus decisiones a factores externos: “Es que no pensé”… ¡Pues no!

Malas noticias para los perezosos que no quieren pensar, efectuar juicios de valor y decidir, en algún momento deberán hacerlo, en un año, en diez o antes de morir. Estamos llenos de decisiones diarias, que te pones, que café tomas, dónde te estacionas, saludas de beso o de mano, por un camino o por otro ¡en fin!

Aplicar la teoría de la “Y” nos lleva a caminos menos empedrados, a colores más ad hoc a nuestros ojos, a suéteres más gruesos en tiempos de frío o a frías bebidas en momentos de calor. Nos lleva a escarbar en nuestro intelecto, a hundirnos en la raíz de los problemas para encontrar la mejor solución posible, a la sensatez de los sentimientos, al sentido común, a levantar nuestros valores o demostrar la carencia de ellos, a pulirnos, a querernos, a conocernos, nos lleva a nosotros mismos.

Esto nos hace ser más sinceros no solo con los demás sino también con nosotros y ésta sinceridad es la más importante. Nada de malo hay en juicios de valor internos, al contrario, solamente traerá decisiones más pensadas, menos dolor ajeno y más conocimiento de uno mismo. Tampoco mentiré, tal vez esos juicios internos nos lleven -en ocasiones- por caminos desconocidos, aguas turbias, sin embargo, serán pensadas y por lo tanto afrontadas con valor. Anímense a aplicar la Teoría de la “Y” y dejen de ser extraños en su propio entorno.

Evangelina Jiménez Olvera.

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