Familia

Miradas que aleccionan

miradasEscrito por: Ana Lilia Solis Moreno

D

icen que los ojos son el espejo del alma, y estoy de acuerdo con ello porque he podido comprobarlo con las 3 mujeres más importantes de mi vida. De mirada fuerte, pero la mayoría de las ocasiones cansada. Y no es para menos, después de un matrimonio complicado, 5 hijos y 2 nietas (de un total de 8) que, a la fecha, cuida con devoción.

Educada para cuidar de los demás y con un alto grado de tolerancia, al observarla me pregunto si ha tenido algún momento de plenitud en su vida. Luchadora por naturaleza, comprensiva y amorosa por instinto. Sus ojos reflejan las batallas libradas a lo largo de sus años. Sin embargo, siempre está ahí, tendiendo la mano a quien lo necesita, sanando heridas que le duelen más que las suyas y apoyando decisiones, aún cuando sabe que no son las mejores.
En contraste con ella, está la mirada juvenil y temerosa de la adolescente que está enfrentándose a la vida y sus retos. Parece segura y ansiosa (como todos a esa edad) de querer conocer el mundo y su gente: sus gustos para complacerlos, sus disgustos para evitarlos, las reglas para intentar romperlas y los corazones para conquistarlos. Esa mirada de altibajos, que un día resplandece y al siguienteCobijada por esas miradas sigo aprendiendo a desempeñar mi papel de mamá. Con aciertos y errores, pero siempre motivada por el respaldo de la experiencia, la inquietud de la juventud y la esperanza de la niñez está cargada de nubes. No es fácil seguirla y mucho menos guiarla, pero su hambre de vivir y su ternura, contagian e invitan a no detenerse.
De pronto volteo para encontrarme con la chispa y transparencia que sólo tiene la infancia. En esa mirada está la sensatez disfrazada de inocencia. Sus ojos destellan la alegría de vivir, la curiosidad por aprender, el gozo por disfrutar los pequeños detalles. Casi nunca denota tristeza y, las más de las veces, proyecta el consuelo que se necesita después de un mal día.
Cobijada por ese tercio de miradas sigo aprendiendo a desempeñar mi papel de mamá. Con aciertos y errores, pero siempre motivada por el respaldo de la experiencia, la inquietud de la juventud y la esperanza de la niñez. Tomando fortaleza de mis debilidades, empuje de mis fracasos y experiencia de lo vivido.
Gracias mami por tu dedicación, por tu paciencia, por tus enseñanzas y, sobre todo, por tu amor. Antares y Camila, gracias por reafirmar mi instinto, por acrecentar mi capacidad de amar, por enseñarme a apreciar los pequeños detalles, por motivarme a partirme el alma en cada cosa que realizo.
Gracias, por hacerme sentir una orgullosa hija y madre. Gracias, porque sin el calor de su mirada nada sería igual.

Escrito por: Ana Lilia Solis Moreno

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