Familia

Padres sobreprotectores

Nadie nos enseña cómo ser padres, es algo que se aprende con la experiencia. Todos hacemos lo posible por darle lo mejor a nuestros hijos y enseñarles el camino correcto. Sin embargo, algunas veces podemos exagerar en nuestro papel de guías.

Queremos que nuestros hijos sean felices y evitar que sufran, queremos facilitarles las cosas; pero cuando nuestro deseo de ayudarlos se lleva al extremo, puede resultar perjudicial.

Los hijos de padres sobreprotectores tienden a ser inseguros, no les gusta esforzarse y les cuesta trabajo adaptarse a las circunstancias porque están acostumbrados a que se les resuelva todo. Les falta iniciativa pues sus padres no le permitieron experimentar. Son demandantes y exigentes, pues están convencidos de que el mundo debe rendirse a sus necesidades –como lo han hecho siempre sus padres–.

Son niños temerosos pues les hemos dado el mensaje que el mundo es un lugar peligroso y que sólo nosotros podemos protegerlo –porque no les damos las armas para que se cuiden ellos mismos–. Los niños necesitan aprender e incluso cometer errores. Cuando somos sobreprotectores coartamos su crecimiento y les impedimos madurar.

El problema es que a veces puede resultar muy difícil ver la diferencia entre protección y sobreprotección. Pero aquí te decimos algunas de las conductas comunes en padres sobreprotectores, para que puedas identificar si estás cayendo en estas:

  • Contestar por él cuando le hacen una pregunta a tu hijo.
  • Hacer sus tareas en lugar de explicarle e impulsarlo a hacerlo por sí mismo.
  • No dejarlos ser autónomos –vestirlos, darles de comer o bañarles, cuando ya tienen la edad para hacerlo ellos mismos–
  • Impedir que hagan cosas que desean por una perspectiva exagerada del peligro.
  • Responder inmediatamente a todos los deseos del pequeño.
  • Justificar sus errores y adjudicar la culpa a otros.
  • Ocultar información por temor a que sufran.
  • El uso recurrente de frases como “no subas ahí porque te vas a lastimar” o “si vas solo te puede pasar algo malo”, que son una forma de controlar infundiendo miedo.

Queremos darles a nuestros hijos todo lo que nos faltó; tememos que cometan los mismos errores que nosotros, que sufran las mismas frustraciones. Pero debemos entender que ellos no son nosotros y que tienen sus propios deseos y también deben tener sus propias experiencias. Querer evitar que algo malo les pase es impedirles vivir.

Escrito por: Elena Pedrozo

 

 

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