Bienestar

Todo a su tiempo… pero se puede volver el tiempo

todo_a_su_tiempo__mama_e_hijo_jugandoLa madre estaba en la estufa, ocupada en que cada cacerola estuviera trabajando correctamente, cuando su hijo de ocho años llegó hasta ella, corriendo como siempre.

- Mamá, me gustaría convertirme en adulto- lanzó como un dardo.
- Ya te convertirás en adulto a su tiempo-. contestó la madre, sorprendida de repetir las mismas palabras que le había oído decir a su propia madre cuando ella había lanzado un comentario similar en la infancia.
- Pero no, mamá, yo quisiera convertirme en adulto ahora- insistió el niño.
La mamá apagó el fuego de la estufa, fue a la sala, llevó dos sillas hasta la cocina, las dispuso una enfrente de la otra e invitó a sentarse a su hijo.
- A ver, explícame, ¿por qué quieres ser adulto?-, le preguntó con toda serenidad.
- Pues porque si fuera adulto podría hacer lo que quisiera, y tendría dinero.
La mamá le lanzó una mirada llena de ternura y después se puso seria.
- ¿Realmente crees que los adultos podemos hacer todo lo que queremos hacer?
Y después, como en una oración grabada en su memoria desde tiempos inmemoriales, comenzó hilvanar ante su hijo una verdad que a ella misma la sorprendió pues nunca antes la había entendido así.
- Mira, hijito, en primer lugar, la infancia es la parte más pequeñita de la vida. Dura apenas unos cuantos años y de esos, una buena parte los vives inconsciente, sin atesorar recuerdos. Así que, simplemente por eso, yo te recomendaría que disfrutaras esta etapa con todo tu corazón, porque para ser adulto tienes un largo camino por delante, y somos muchos los adultos que vivimos deseando volver a ser niños. Disfruta el presente, hijo.
- ¡Pero ahora no tengo dinero y tengo que pedir permiso para todo, mami!
- Mira, te voy a decir lo más importante. Es mentira que los adultos podamos hacer lo que queramos y que tengamos todo el dinero que desearíamos tener. En primer lugar, quizá tenemos más libertad de ir de aquí para allá, pero al mismo tiempo nos abruman las obligaciones, responsabilidades y deudas, y eso nos impide hacer realmente lo que nos da la gana. Al menos no podemos hacerlo todo el tiempo. Además, los adultos podemos tener todo el dinero que queramos sólo en la medida de nuestro esfuerzo en el trabajo, no nos lo regalan ni nos cae del cielo, y a veces ni el más grande esfuerzo logra darnos lo que necesitamos para vivir dignamente.
En cambio, tú tienes ahora cosas que los adultos envidiamos realmente de los niños, puedes saltar por las camas, llenarte de lodo, correr con todo el cuerpo, inventarte fantasías en las cuales puedes perderte por horas, lanzarte a esas albercas llenas de pelotas, embarrarte la cara de dulce, hacer bomba un chicle hasta que te explote en el rostro, sentirte seguro porque sabes que papá y mamá se las arreglan para que tu vida sea tranquila, jugar cada hora con un juguete distinto y ser todos los personajes que quieras: hoy un pirata, mañana un doctor y pasado un superhéroe.
- Y tú ¿ya no puedes hacer nada de eso, mami?- preguntó el niño, realmente preocupado.
- De poder sí puedo hijo, pero cuando te haces adulto vas perdiendo la inocencia y ese deseo de disfrutar la vida a plenitud que te da la infancia.
- Mejor sigo siendo niño, mami.
- Sigues siendo niño mientras tengas que serlo, porque cada etapa se debe vivir a su tiempo y con plenitud, porque cada cual tiene su encanto.
- ¿Y tú no puedes volver a ser niña aunque sea un ratito, mami?
La mamá miró a su hijo con una sonrisa que la regresaba a los ocho años de nuevo. Lo tomó de la mano y salió con él al jardín, se quitó los zapatos, se sentó sobre la tierra e invitó a su nuevo amigo a preparar los deliciosos pasteles de tierra que siempre fueron su especialidad.

Escrito por: Tayde del Rio

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